domingo, 6 de enero de 2013

El tiempo y la vida pasan, y tarde o temprano me doy cuenta de que ya no me importa nada, que he terminado acostumbrándome a todo, incluso a lo peor. Hoy ya no me importa que los pájaros sigan volando por ese cielo inmenso que un día hicimos nuestro y llegamos a tocar con la punta de los dedos, porque con el tiempo, sin darnos cuenta caímos, y la puta caída fue más dolorosa de lo que creíamos. Pero no te preocupes, que ya no importa. No importa porque un día terminas acostumbrándote al maldito dolor. A ese dolor tan parecido a que te hayan roto todos los malditos huesos, cuando lo que de verdad te han partido es el corazón. Pero no, tampoco importa. No importa porque el cabrón de mi corazón es más fuerte de lo que creía, y todavía sigue ahí. Latiendo aunque le cueste. Latiendo aunque con cada latido se le esté yendo la vida. Y le envidio muchísimo. Le envidio porque yo también querría aprender a vivir en la ignorancia y poder tener el valor de seguir adelante después de saber que el amor no es como te lo pintan, que es una puta mierda y que pocos llegan a ese y fueron felices para siempre

No hay comentarios:

Publicar un comentario